Conocí al Doctor Eduardo Zepeda hace 19 años, fue mi maestro de música Latinoamericana, durante el bachillerato en una escuela salesiana (IUCE). En esa época Yo era un joven al que le gustaba la música en ingles, el rock en español y el pop repetitivo de los años 90´s. Lo poco que conocía de música Latinoamericana era el carnavalito y la trova cubana, gracias a mi linda hermana.
Un buen amigo me comento sobre Eduardo Zepeda conocido en el mundo salesiano como Lalo y su autentica forma de enseñar. Acudí a la clase de música Latinoamericana en ese ya lejano 1992 y me gusto mucho porque me hice consciente del hermoso folklore que existe desde Chihuahua hasta La Patagonia. Lo que mas me sorprendió fueron los instrumentos musicales que se utilizan para crear esa música.
Los instrumentos musicales del folklore son bellísimos y generan sonidos peculiares, que llegan directo al corazón. Lalo es un maestro tocando el charango (guitarrita pequeña de 12 cuerdas, con tapa de caparazón de armadillo), no es casualidad que corazón rime con caparazón.
Las clases que nos daba el Doctor Zepeda eran llenas de reflexión y sobre todo retaba nuestros cerebros adolescentes con más hormonas que neuronas a crear, a imaginar, a ser diferentes, a generar ideas nuevas, espontáneas. Así mi primera lección de música Latinoamericana, me enseño que la música es inteligente y es una forma de expresión tan poderosa que puede crear personajes inolvidables.
Lalo, como toda persona autentica cuenta con un carisma enorme que le permite entablar una conversación profunda con un niño de 6 años, como reírse de la vida acompañado de cualquier Director de empresa ó colegio. Hasta la fecha siempre que me ve me regaña, es su forma de expresar su cariño, aunque siendo franco siempre le doy pie para el regaño, creo que es nuestra forma de comunicación.
Hace un mes exactamente se presento en el CUC (Centro Universitario Cultural) acompañándose de excelentes músicos y hermosas cantantes con bellas voces que nos deleitaron con melodías de nuestra región, fue un espectáculo a la altura de los mejores del mundo. Cada canción era una postal que narraba una historia ó dibujaba un paisaje, lleno de orgullo y de consciencia a la cultura Latinoamericana.
“Digas lo que digas” “Yo vengo a ofrecer mi corazón” con un “Brindis” y con una “Canción de las simples cosas” doy “Gracias a la vida” y a Lalo.

