
Hoy, después de pensarlo algunos años, quiero renunciar a mi país.
No, no quiero renunciar a mi nacionalidad, ni a mis costumbres, ni a mi cultura... solo quiero cambiar de aire y olvidarme ya del valemadrismo que la gente y, sobre todo, el gobierno tienen por este país.
Reflexión que recuerdo: Si no eres parte de la solución, eres parte del precipitado

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