Me pierdo en los detalles de mi infancia, pero me gusta recordar esa que fue la más bella de mis épocas, me sobraba libertad y me faltaba razón. Era el loco mas feliz de Centenario 74 y mis aventuras eran las mas divertidas. De pronto llego la adolescencia y me arranco toda esa locura de mi ser y me convertí en un títere para ser aceptado.
Comprendi que la locura no encaja con la rutina diaria y si quería manejarme como un ser socialmente correcto, debía esconder mi esencia en lo mas profundo de mi corazón. Sin embargo a la esencia no se le puede derrotar tan facílmente, aunque me da alguna ventaja, al final gana la partida y vuelvo al desequilibrio creativo de la locura.
Esta locura ya no es tan inocente como en la infancia y aunque trato de escapar de ella, esta dentro de mi corazón y que remedio mas inteligente que la aceptación. Mas de 20 años tratando de ir en contra de mi ser, para darme cuenta que la locura es la que crea la diferencia.
Bienvenida de nuevo locura, te acepto como mi aliada, para enfrentar al tedio, a la envidia, al egoísmo, a la falsedad, a la frivolidad y a la deshonestidad de un mundo que gira a toda velocidad y nos envuelve en un sueño del que espero pronto despertar.
Mi querida locura, no dejes que te impidan galopar ni los ladridos de los perros, ni la quijada de Caín.
domingo, 18 de abril de 2010
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