martes, 14 de junio de 2011

Primer Año

Escribo justo a un año de haber llegado a Montreal.

Escribo justo a la hora en que llegamos a descansar.

Recuerdo ese día como ningún otro... tengo los recuerdos de la madrugada cuando nos levantamos para alistarnos e irnos al aeropuerto; ya nos habíamos despedido de todos. Recuerdo el nerviosismo de todas esas horas de salida, vuelo y llegada; había decenas de preguntas que debía contestar ese mismo día. Recuerdo la cara de todos los que intervenimos ese día; un día de expresiones llenas de contraste. Recuerdo mi cerebro y mi estomago revueltos entre los idiomas y las sensaciones; repasaba mentalmente todo y me olvidaba de comer. Recuerdo los diálogos, las entrevistas, las nauseas, las esperas, las angustias, el cansancio, la ilusión, la emoción, la ansiedad, la melancolía, la torpeza, las lágrimas ahogadas... incluso recuerdo el olor.

No se exactamente como ni porque, solo se que hay un olor muy particular en ciertas cafeterías de Montreal que me aturde de gusto. Un olor que me recibió y que me dio una calurosa bienvenida en el aeropuerto de Montreal, el día que llegamos.

Hoy todos es diferente, hoy ya no estoy nervioso, baje de peso, ya conozco el frío de Montreal, ya se que esperar del verano, puedo decir que hablo francés, camino mucho, como en casa, no manejo, llego puntal, conozco gente de muchos países, vamos a festivales, dormimos con la ventana abierta, participo en un huerto comunitario, tengo tiempo para armar rompecabezas, descubrí las comidas comunitarias, veo películas locales, saco material de las bibliotecas, en fin...

Creo que estoy lejos de tener la vida perfecta... mas se acerca a lo que yo simplemente soñé.

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